
ValeLaPenaCo @Zimo23Co
En un lugar en el que el sol calienta y la lluvia espanta se mudó un murcielaguito muy tímido, callado, pequeño y cuyo hogar había abandonado a los cinco años y había llegado a un desierto.
Los pájaros que cantaban allí eran ruidosos e insoportables con sus graznidos, se escuchaban a millas. El pequeño murciélago no soportaba a las urracas cuando estas intentaban graznar a otros pájaros que tampoco parecían escuchar.
A él no le gustaba el ruido, prefería el silencio, le encantaba escuchar con sus grandes orejas, no le gustaba hablar.
Él siempre se repetía, eres un fantasma, observa, escucha, calla y aprende. Si no lo haces NO APRENDERÁS, si callas serás mejor, si SOLO observas te irá bien.
Las Urracas siempre le decían que DEBÍA hacer y qué NO DEBÍA hacer. El ruido era insoportable. Era como un pitido que retumbaba su cabeza, por suerte él tenía una cura a ese malestar.
Y su cura eran los ratos libres y sus amigos geniales, un minúsculo colibrí, una polilla y una abeja.
Esos eran sus amigos y aunque eran pocos el pequeño murciélago se sentaba con ellos en la única hora de paz del día para hablar comer e inventar juegos.
Él aprendió una cosa muy importante, los más grandes nunca jugarían algo con él. Los grandes no se divertían. Cualquier cosa que él les mostrara siempre les parecía tonto y absurdo, ¿quién iría a jugar un juego que está basado en algo tan tonto como un videojuego. Pero a los pequeños les fascinaban los juegos que hacía y no cuestionaban por qué ni el cómo eran, pero les parecían originales y agradables.
El pequeño murciélago pasó casi toda su vida entre libros y cuentos. Aunque no era bueno con las palabras le encantaba escribir, se imaginaba a sus héroes favoritos realizando actos heroicos con ayuda de él. capítulos que jamás pasaban, él los hacia realidad con juegos y escritos formaba sus historias, para él las reglas eran muy importantes ya que sin ellas su historia perdería sentido y no valdría la pena jugarlo.
Ese momento hacía que todos disfrutasen mucho y apreciasen al pequeño murciélago y por un momento podía olvidar todo y poder entrar en su zona… cerrar los ojos y volar sin que le cortaran las alas y poder hacer lo que realmente le gustaba… hasta que…
Una ruidosa campana sonaba y cantaba para gritarle a los pájaros, loras y más, que entraran y empezara todo de nuevo, las horas pasaban lento y la única palabra que oiría aparte de examen y quiz sería TAREA y esto significaba sentarse en casa hasta tarde en la noche escuchando las risas de sus amigos jugando afuera sin él.
Y la rutina se repetía al siguiente día UNA y OTRA VEZ. Hasta que el pobre murcielaguito no aguantó más y estalló…
El dolor que sentía se volvió intenso, siempre había aprendido a controlarlo y ponerse una máscara y seguir adelante no importara lo que pasara, nunca le mostraría a nadie su verdadera cara, pero ese día el murcielaguito no pudo contenerlo.
Sus Padres le ayudaban a aliviar este dolor esa ansiedad que siempre lo había acosado el colegio aumentaba ese dolor y hasta los padres del murcielaguito se cansaron de eso y con esto fue suficiente para decidir lo que vendría después…
Cuando llegaron a la casa el silencio era absoluto, el padre del murcielaguito estaba MUY molesto y con un suspiro le dijo al murciélago que saliera y jugara con sus amigos a pesar de que al siguiente día él tendría que repetir la rutina. Y al decir esto el padre del murcielaguito se fue al cuarto.
La madre y el murcielaguito se quedaron sin palabras, simplemente no podían creerlo.
La libertad siempre le había parecido imposible, ese colegio no era malo y el murcielaguito nunca lo juzgó mal, ni mucho menos lo criticó. Lo único que conocía era ese lugar al que iban a aprender, esos amigos, esas urracas. Él no quería decir adiós a todo ello que alguna vez llego a querer y a respetar se negó por varios días se dijo así mismo que no podía dejarlo, no podía cambiarlo.
Al pequeño murciélago no le gustaban los cambios, no le gustaba crecer y dejar cosas por el camino. Le parecía que estaba abandonando a sus amigos y rindiéndose ante el reto que suponía ese lugar.
Hasta que lo llevaron a un árbol, un árbol que a pesar de ser un desierto este árbol se mantenía en pie y con colores. Ese lugar era todo menos interesante, el pequeño murciélago no entendía porque rayos todos se abrazaban. Las Urracas y los Guacamayos no parecían ni en lo más mínimo a lo que había aprendido que eran.
Cuando entró por primera vez se encontró con un oso con una gorra blanca que, con una sonrisa de oreja a oreja, le dio entrada al pequeño murciélago a aquel lugar tan extraño y desconocido.
No entendía qué estaba pasando, el pequeño murciélago encontró en ese lugar tan extraño un nuevo hogar, nuevos amigos, nueva familia.
Esta nueva familia le mostro que no todo era callar, que bolar y abrirse a los demás no era algo a lo que debía temer, que el dolor no sanaría si el pequeño murcielaguito se ocultaba. Todos los animalillos que vivían allí lo apreciaban mucho.
Ese árbol hacia que cada quien extendiese sus alas y volara que buscaran sus sueños que siguieran sus esperanzas y que todos tenían una manera diferente de emprender el vuelo podía ser por aire, tierra y hasta por mar, pero siempre de una manera distinta.
Muchos de los animales que fueron cercanos al murciélago volaron del árbol y otros simplemente decidieron que le que asían en aquel árbol no era para ellos eso fue una perdida grande para el pequeño ya que después de la ida era muy pocos los que seguían en contacto.
Los años que siguieron causaron que el murcielaguito pensara diferente el árbol y todos los que pasaban siendo maestros o estudiantes se volvían familia para él.





